miércoles, enero 28, 2015

OBRAS DE GUSTAVO FEDEL


            El compositor argentino Gustavo Fedel me ha hecho llegar dos CDs con obras suyas y las comento en mi blog con gusto. Martha Noguera incluyó una breve partitura de este creador en su concierto de Chopiniana del año pasado y me gustó; ello provocó el generoso gesto de Fedel de enviarme estos CDs.

            Fue alumno de composición de nadie menos que Roberto García Morillo, admirable nombre en nuestra historia musical, dueño de un gran bagaje técnico. Esto le dio una sólida base a Fedel, pese a que su temperamento y creación no pretende la complejidad que con frecuencia presenta García Morillo. Pero tuvo una influencia aún más fuerte: la de  Astor Piazzolla, que lo llevó a la senda del tango renovador; sin embargo, el estilo de Fedel es menos rítmico y más tradicional en lo melódico que el de su mentor.

            Fue arreglador de música para terceros; p.ej., el poeta Hamlet Lima Quintana, ligado a la proyección folklórica, pero sobre todo tangueros, como el propio Piazzolla, el poeta Horacio Ferrer (recientemente fallecido), el cantante Trelles,  Amelita Baltar (la musa de Piazzolla) o el gran violinista Antonio Agri.

            Los discos que me ha enviado responden a las dos vertientes de su creación: la de orientación tanguera y la de formas clásicas. Fedel, excelente pianista (siempre claro y preciso), presenta la Suite "La otra ciudad" y a continuación, "Cinco tangos". El otro disco nos ofrece la "Sonata dionisíaca" y el "Stabat Mater", dos géneros absolutamente diferentes de la música académica.

            En la historia de la música están los autores que han abierto nuevos caminos y aquellos que se han mantenido sin innovar pero escribiendo música grata y bien escrita. Esos caminos aludidos a veces han sido fecundos  y continúan siendo modernos en la actualidad en obras centenarias y opuestas, como "La Consagración de la Primavera" de Stravinsky o "Pierrot Lunaire" de Schönberg. Pero también han hecho a veces mucho mal, como el dadaísmo insolente y vacuo de John Cage o el minimalismo de Philip Glass.

            Fedel pertenece a la segunda tendencia: su armonía es tradicional, a veces en demasía: es un músico netamente tonal y está bien  que lo sea, porque es un lenguaje que en él se siente sincero y bien manejado. Con la música tanto académica como popular sucede algo parecido a lo que ocurre en la plástica: obras conceptuales como el tiburón en formol de Damien Hirst (a mi juicio un terrible bluff) se realizan paralelamente a excelentes obras figurativas que podrían haber sido hechas hace cien años. Y ahora en la música hay mucho experimento estéril y feo, contrastado con buena música elaborada según pautas anteriores, y en el medio, aquellos que exhiben rasgos de audacia aunque sobre una sólida base tradicional (Rautawaara o Corigliano, p.ej.). Confieso preferir esta última tendencia, pero ello no quita que escucho con placer música como la de Fedel.

            El disco de orientación tanguera está en aquello que se denomina "crossover" (¿porqué no "cruce"): una música de carácter popular manejada con técnica académica. Su ejemplo máximo en la historia es George Gershwin, y en nuestro medio Piazzolla para el tango y Guillo Espel para la proyección folklórica.

            Tangos escritos por músicos de formación académica existen ya desde fines del siglo XIX, y hay un disco de Estela Telerman muy ilustrativo al respecto.  "La otra ciudad" de Fedel está descripta como "suite para ballet y cuarteto";  lo interpreto así (ya que el CD no trae notas explicativas): ésa es la versión original, en este caso  arreglada para piano por el compositor. O sea que estuvo pensada con movimiento danzable "in mente" y con cierto grado de trama. Así se comprenden mejor los títulos de los seis movimientos de la suite, que dura 23 minutos y ofrece notables contrastes de clima de número a número.

            Son ellos: "Doscientos años", "Tangonía", la extensa y alusiva pieza "Letargo de los puñales" (bello título), "Milonga del broche", "Soneto a una alcantarilla" y la que lleva el mismo nombre que la suite, "La otra ciudad". Esta música se sostiene por sí misma, es variada y atrayente, pero me intrigaría oírla y verla con su destino original. El arreglo de cuarteto para piano implica una marcada riqueza textural, ya que el piano debe darnos una idea de los contrapuntos entre las cuerdas que seguramente había.

            Los "Cinco tangos" duran algo más de 18 minutos y tienen suficiente variedad entre ellos para que la audición se mantenga interesante. "Rebusque", "El adiós", "Él y yo", "Amor en plural" y "La odisea de Juan Tango" quizá tengan algún contenido autobiográfico, pero al no tener texto esto es sólo especulativo.

            El "Trío Dionisíaco" está construído en un solo amplio movimiento en varias secciones con una duración de más de 17 minutos. La combinación de piano, clarinete y cello es tímbricamente atrayente, ya que son texturas bien diversas que sin embargo conviven armoniosamente. La música tiene coherencia y un  grato contenido melódico y formal, con el dinamismo que conviene a lo dionisíaco.  Está muy bien tocada por Fedel, la cellista María Eugenia Castro y el clarinetista Matías Tchicourel.

            El Stabat Mater es la pieza más ambiciosa de estos dos CD. Sus 14 partes duran algo más de 23 minutos, una duración adecuada al contenido dramático de este famoso texto sacro, puesto en música por grandes autores como Pergolesi, Haydn, Vivaldi, Dvorák y Szymanowski. El riesgo de estos versos lamentosos sobre la "Mater Dolorosa" es la uniformidad o el exceso de música lenta: Fedel logra esquivar estos problemas y obtiene un desarrollo con fuertes contrastes dramáticos y varios tempi.

            Utiliza una contralto solista, un coro mixto y un conjunto instrumental basado en las cuerdas más timbal y órgano (este último tocado por Fedel). La profunda voz de Mirta Braylan (artista expresiva de timbre muy personal, que no había tenido ocasión de escuchar hasta ahora), el Gustavo Fedel Ensemble (Alejandro Elijovich, violín) y el Coro de Cámara Zahir (Diego Boero) dan una versión convincente de este aporte significativo a nuestra música sacra. Su lenguaje es tonal y no pretende conexiones con el tango, como la tienen obras sacras de Palmeri o Bacalov. Fedel quiere reflejar la intensa tristeza del texto y lo hace con medios nobles.

            Las grabaciones son bastante buenas en el CD de tango y en el Trío Dionisíaco, y algo recargada en los graves en el Stabat Mater. Fue interpretado en la Catedral el 24 de abril de 2007, pero el disco figura grabado en  Septiembre 2006 (presumo que en el caso del Trio) y en Febrero y Agosto de 2007 para el "Stabat Mater" (también conjeturo).  El CD de tangos tiene marca PAI y el restante fue grabado para el autor sin marca. Fedel tiene otros CD grabados, incluso su Concierto para bandoneón que se ejecutó en el Colón.  Ambas grabaciones son del sello PAL.

            En suma, estos dos CDs dan una buena idea del talento de Gustavo Fedel en dos campos contrastantes.  


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